POESIAS

PABLO NERUDA

soneto de amor -- canción desesperada -- Parafrasis Tagore -- Soneto XCV

AMOR

Amor, ahora nos vamos a la casa

Amor, amor, las nubes a la torre del cielo

Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso

Amor, de grano a grano, de planeta a planeta

Amor mío, al cerrar esta puerta nocturna

Amor mío, el invierno regresa a sus cuarteles

Amor mío, si muero y tú no mueres

Antes de amarte, amor, nada era mío

Aquí está el pan, el vino, la mesa, la morada

Aquí te amo

Áspero amor, violeta coronada de espinas

Ay de mí, ay de nosotros, bienamada

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LA CANCIÓN DESESPERADA

La casa en la mañana con la verdad revuelta
La edad nos cubre como la llovizna
La gran lluvia del sur cae sobre Isla Negra
La luz que de tus pies sube a tu cabellera

La niña de madera no llegó caminando

Las tres aves del mar, tres rayos, tres tijerasLlega el invierno.

Espléndido dictado

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Paráfrasis a R. Tagore

En mi cielo al crepúsculo eres como una nube

y tu color y forma son como yo los quiero.

Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces,

y viven en tu vida mis infinitos sueños.

La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,

el agrio vino mío es más dulce en tus labios:

oh segadora de mi canción de atardecer,

cómo te sienten mía mis sueños solitarios!

Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa

de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.

Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo

estanca como el agua tu mirada nocturna.

En la red de mi música estás presa, amor mío,

y mis redes de música son anchas como el cielo.

Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.

En tus ojos de luto comienza el país del sueño.

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SONETO XCV

Quiénes se amaron como nosotros? Busquemos

las antiguas cenizas del corazón quemado

y allí que caigan uno por uno nuestros besos

hasta que resucite la flor deshabitada.

Amemos el amor que consumió su fruto

y descendió a la tierra con rostro y poderío:

tú y yo somos la luz que continúa,

su inquebrantable espiga delicada.

Al amor sepultado por tanto tiempo frío,

por nieve y primavera, por olvido y otoño,

acerquemos la luz de una nueva manzana,

de la frescura abierta por una nueva herida,

como el amor antiguo que camina en silencio

por una eternidad de bocas enterradas.

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