Miedo de que un día planifiquen la lluvia,
algo así como de 3 a 3.15 de la mañana
para las zonas urbanas
Comprendidas entre tal y cual calle.
¿Tendré que madrugar para escribir mi poema a la lluvia,
se suicidirán en masa las ranas cantoras
o acaso se sindiquen
y provoquen un curioso croar de protesta?
Miedo por la suerte de aquellos que se nieguen
a tal futuro feliz preconcebido en seco;
miedo por las máquinas que atentan contra mi estilo poético,
miedo por las máquinas de nacer y por las máquinas de morir,
miedo por la moda del placer y
por sobre todo miedo
del temor ritual que impregna a la gente
que se apoya en lo lustroso y se dice partidaria
de aquello desprovisto de toda rugosidad.
Miedo al fin, no tan terrible, si me aferró
a tu boca que comparte mis miedos y mi risa
por la estupidez de estos tiempos ligeros.
Miedo, es lo que siento
Cuando no estás cerca.
Por más que estiro los brazos
No puedo sentirte.
Por más que mi mirada te busca,
No logro encontrarte.
Mas aún así, mi amor,
Sé que conmigo estás,
Porque cuando alzo la mirada,
Allá arriba, en el cielo,
Puedo ver tu cara en el dorado de la luna,
Las estrellas se me vuelven tus brazos,
La noche, nuestro amor.
Y es cuando sé que, por siempre,
Estamos destinadas a estar juntas,
Ya que la noche, tan infinita tan apacible,
Es nuestra guía, nuestra madre, nuestro dolor.
Solo tú y yo sabemos lo duro que es vivir,
Y que, cuando encuentras tu alma, tu otra mitad,
Jamás la olvidas, jamás la dejas,
Ya que, para siempre, la soledad de tu ser está vencida.
Veo rojo, veo negro
Miedo, sangre y petróleo
hay guerra
El séptimo de caballería
La sexta flota
Trece
No hay más cañones
Oigo el silencio
Me gusta la paz
El cielo es negro
La gente huye
Los niños llorando
Ruido de estruendo
Calles en ruinas
Frío de invierno
Helicópteros y tanques
Soldados y barcos
Hay guerra