Representa el
arquetipo del gangster honesto, tal y como se da en el cine negro más
clásico, con honor y principios. El ser fiel a sus principios es más
importante para él que el dinero o que su propia carrera. Al contrario que
el frío y calculador Sr. Rosa, para él los sentimientos son más
importantes que la razón, y estará dispuesto a jugarse el pellejo por una
causa que él considere noble. No en vano, Tarantino le adjudica el color
blanco, el de la pureza. A pesar de saber que racionalmente es
injustificable, y que el Sr. Naranja bien podría ser el traidor, se dejará
guíar por su confianza hasta sus últimas consecuencias, llegando incluso a
amenazar de muerte a Cabot para defenderle. Podría parecer que esto es algo
exagerado, pero lo cierto es que el Sr. Blanco no defiende tanto al Sr.
Naranja por fidelidad como por incapacidad para aceptar una verdad dolorosa:
que el hombre por quien lo ha sacrificado todo y se ha jugado la vida, no es
más que una rata delatora. Por lo tanto, la muerte es para él preferible a
una vida en la que saberse ultrajado y traicionado. En una conversación con
el Sr. Rosa, él mismo comenta cómo "hace tres trabajos" descubrieron que
uno del grupo era un poli infiltrado, largándose de allí tan rápido como
pudo (una anterior versión del guión revelaba proféticamente que en
realidad se cargó al infiltrado de un disparo). Su sentido de la
responsabilidad le lleva a comprometerse con todas las causas justas y a
defender a los más desfavorecidos. En la primera secuencia, le dice al
egoísta Sr. Rosa, al respecto de las propinas, que la hostelería es la
mayor ocupación de la gente sin estudios, lo único que cualquiera puede
hacer para ganarse la vida, y que la base son las propinas, puesto que el
sueldo de ese oficio es, literalmente, una mierda. El Sr. Blanco es el más
moral del inmoral conjunto de ladrones que conforman la película.
Ya en la
primera secuencia, en cuanto Cabot cuenta los dólares de la propina y
comprueba que falta uno, pregunta: "¿Quién no ha puesto?", y el Sr. Naranja
responde instantáneamente: "El Sr. Rosa". Sin haber entrado siquiera en
materia, Tarantino ya nos ha anticipado el carácter del que será el delator
del grupo, el falso chivato que venderá a todo el grupo ocasionando la
muerte de todos. En su día, se llegó a decir incluso que en la escena en la
que Eddie habla por teléfono en el coche, el globo naranja que cruza el
plano era una premonición de quién sería el traidor, si bien Tarantino
acabó aclarando que fue tan sólo un producto de la casualidad (el globo se
les escapó a unos niños que jugaban por ahí cerca). El caso es que,
paradójicamente, el supuesto representante de la ley y la justicia se
pasará toda la película mintiendo y fingiendo, al contrario que el
supuestamente malvado Sr. Blanco, que se comportará de forma honesta y justa
durante todo el film. El personaje falso, el encarnado por el policía real
en la ficción, es más significativo que el verdadero, al que no vemos más
que en las conversaciones con Holdaway y con Marvin Nash, el poli torturado.
El personaje que vemos es un macarra de lenguaje desenfadado y modales
despreocupados. Cuando comienza, un poco medio jugando, sólo se dedica a
impresionar a sus compañeros haciéndose el duro con historias de
delincuentes. Cuando presencia la masacre del Sr. Rubio en la joyería sin
poder mover un dedo, y cuando observa impasible, sin poder mostrar
sentimientos, cómo el Sr. Blanco acaba con los dos policías del coche a
disparos, empieza a mostrarse más silencioso, más consciente de la cruda
realidad que se ve forzado a contemplar sin poder evitarlo. Finalmente,
cuando dispara contra la mujer del coche en el que escapan, se convierte en
tan culpable como los demás, pero debe seguir fingiendo para proteger su
vida de dudoso futuro. Cuando finalmente, al comprobar que su traición no ha
obtenido ni recompensa ni perdón, intenta redimirse confesando sus pecados
al Sr. Blanco, quien, afectado sólo por su propia humillación, extermina a
su compañero sin concederle perdón alguno.
Sin duda, uno de
los personajes más recordados de la película. Al contrario que los típicos
malos de las películas, el Sr. Rubio es un villano estilizado y con
personalidad, alguien que no da muestras de vulgaridad o sencillez.
Perfectamente ataviado, rezumando una tranquilidad interior envidiable, el
Sr. Rubio no aparenta en absoluto ser el psicópata desequilibrado que
realmente es. Sin embargo, en su locura, mantiene una fidelidad y unos
principios tan sólidos que hacen que cumpla cuatro años de condena por no
delatar a Joe Cabot (de hecho, esa es la única razón por la que se le
incluye en el grupo; Rubio es un asesino, un matón, y no un atracador). No
sabemos si era alguien así de tarado originalmente, o si se le cruzó algún
cable durante su estancia en la cárcel, pero lo cierto es que es uno de los
psicópatas más carismáticos del cine moderno, junto con Hannibal Lecter o
Henry Lee Lucas. Lo verdaderamente inquietante del Sr. Rubio es el ver cómo
un hombre puede cometer crímenes tan atroces y permanecer tan calmado.
El Sr. Rosa sería
definible como el típico listillo del grupo. Es el elemento inteligente y
racional del grupo, aunque eso implique dejar de lado los sentimientos
personales. Su relación con el grupo es más distanciada: es el único
personaje principal cuyo nombre nunca llegamos a saber (él se cuida mucho de
no revelarlo). Es consciente de que no conoce de nada al resto de sus
compañeros y de que nada sacrificará por ayudar a ninguno de ellos. Es un
profesional que se toma su trabajo muy en serio, aunque en su egolatría, le
importa únicamente salvar su culo. Es el primero en darse cuenta de que hay
un soplón en el grupo, y es lo suficientemente frío y calculador para
olvidar sus sentimientos y lazos de amistad y no fiarse ni de su sombra (si
bien está seguro de que el Sr. Rubio no es el traidor "porque es demasiado
asesino para estar con la poli"). Desde la primera secuencia, en la que se
niega a dejar propina, Tarantino lo muestra como alguien egoísta y
autoindulgente, que justifica sus acciones sin jugarse el culo por nadie
(dice del Sr. Naranja: "si muere yo lo sentiré mucho, pero hay gente con
suerte y gente sin ella"). Al contrario que el Sr. Blanco, no se compromete
con causas justas ni se apiada de los desfavorecidos ("lo tengo muy claro,
que aprendan a escribir a máquina", dice sobre las camareras con tal de no
dejarles propina). En la misma secuencia, quedan también patentes el
nerviosismo y la paranoia que se apoderarán de él en el almacén, al
declarar que se bebe seis tazas de café en el desayuno (Eddie le dice: "Lo
último que necesita es otro café, Sr. Rosa, le pone muy nervioso"). Desde
el principio aparece también como el cobarde del grupo, el primero que duda
en acudir al almacén, el que oculta los diamantes "en un lugar seguro", el
que huye con el botín, el que nunca se mete en peleas de honor (queda al
margén del triángulo de fuego final, separa a Rubio y a Blanco cuando
llegan a las manos, no saca la pistola más que para defenderse...).
Absurdamente, incluso al golpear al policía secuestrado se hace daño en la
mano. No en vano Tarantino, al organizar el reparto de los colores, le
adjudica el rosa ("¡por maricón! ¿vale?"). Da la casualidad de que el Sr.
Rosa no es el traidor, pero podría haberlo sido perfectamente. Es el más
rastrero de los personajes, el primero que estaría dispuesto a traicionar al
grupo para su propio beneficio. Todos los demás se juegan el pellejo por
alguien en algún momento: el Sr. Blanco llega hasta extremos exagerados por
defender al moribundo Sr. Naranja; el Sr. Rubio cumple cuatro años de
condena por lealtad a la familia Cabot; incluso el Sr. Naranja, la rata,
confiesa finalmente al Sr. Blanco su condición de policía sabiendo que se
está jugando la vida; sólo el Sr. Rosa actua en todo momento de forma ruin,
si bien su cobardía limita en ocasiones sus acciones, dejándolas en mera
palabrería (se tira toda la película diciendo que va a largarse del
almacén con los diamantes, y no lo hace hasta el final). El propio Tarantino
decía que"en todo lo que él dice tiene razón al 100%, sólo que a su
valentía le falta la intensidad de sus convicciones". Y de hecho, es
posiblemente el personaje por el que Tarantino siente un mayor afecto, y el
que más se ajusta a la propia personalidad de Tarantino, articulando
auténticas declaraciones de principios como la de las propinas, o la
relativa a la compra de una hierba que nunca era buena ("... porque si el
tío no me mentía y la maría era buena, pues cojonudo; debería haber
pasado, ¡pero no lo hice!, ¡¡no lo hice por el puto dinero!!"), problema
este bastante frecuente en el pasado hippy de Tarantino. No es casualidad que
en un principio, el propio Tarantino pretendiera interpretar al Sr. Rosa, si
bien luego lo acabó haciendo Steve Buscemi según el proyecto fue tomando
forma (otro candidato posible fue Dennis Hopper, que no pudo hacerlo al estar
comprometido con otra película, concretamente con RED ROCK WEST de John
Dahl). El propio Buscemi dice del Sr. Rosa: "No creo que sea alguien
solitario... Le dijeron que cuanto menos supiera de los otros tipos mejor, y
él se toma su trabajo muy en serio... Es el más profesional de todos, y esa
es precisamente la razón por la que sobrevive".
Coordinador de malos
rollos donde los haya, Eddie pertenece a una familia del hampa en la que el
honor y los lazos de sangre lo son todo, y está dispuesto a defender a
ultranza a sus amigos y familiares. Con el chándal, el pecho al aire, la
cadena de oro y el móvil, más bien parece un vendedor de mercancias
robadas. Es otro hombre de gatillo fácil, casi infantil en su concepción de
la violencia (usa su pistola como un niño su juguete). Demuestra una falta
de cultura e inteligencia característica (por ejemplo, dice no haber
entendido la canción hasta ahora, aunque la haya oído"un millón de
veces"). Dispara contra el policía torturado sin el menor remordimiento, y
es especialmente distinguible por sus habilidades para la vida social del
inframundo (de ahí lo de Nice Guy), y por su ironía lingüística ("Si le
seguís pegando un poco más acabará confesando que él inició el incendio
de Chicago, pero eso, maldita sea, ¡no significa que tenga que ser
cierto!").
"La Cosa... Ese cabrón es
clavado a La Cosa". Así define el Sr. Naranja al auténtico jefe del grupo.
Despiadado, orgulloso y hombre de confianza, transmite ese conocimiento que
la experiencia otorga a los ladrones de mayor edad. Desde la secuencia
inicial, vemos como se le respeta por su rango y por lo que es. Tan sólo
Rubio y Blanco se dirigen abiertamente a él, ya que son sus hombres de
confianza. El Sr. Blanco incluso se toma la libertad de arrebatarle la agenda
y no devolvérsela hasta que prometa callarse. Es frío y calculador cuando
el trabajo lo requiere, y tiene un increíble instinto para la personalidad
de la gente con la que trabaja. Es exactamente como debe ser un buen líder
de la mafia.
No aparece mucho
en escena, pero cuando aparece, lo poco que demuestra son unos modales
garrulos y desconsiderados. Individuo centrado en un único monólogo, en el
que se propone la delirante idea de que Like a Virgin trate sobre una chica
follada por un semental como si fuera una virgen, el Sr. Marrón es el
conductor del grupo, y muere al escapar del atraco. Tiene también ocasión
de protestar contra el color que se le adjudica: "Pero... ¡Señor Marrón
suena a Señor Mierda!". Definitivamente, el Sr. Marrón no es precisamente
un gentleman.
Anecdótico personaje al que da vida el delincuente real Eddie Bunker. Apenas sale en la película. Su única razón de ser es la aparición en pantalla de Bunker (cuyos libros han influido enormemente en la planificación argumental de Tarantino). Presenta una imagen amenazadora vestido de gangster, y aporta un poco de chispa al guión revelándose como el fan de Madonna más viejo de Norteamérica. Muere bajo las balas de la policía al escapar de la joyería junto con el Sr. Rubio.