La más antigua de las maravillas, y,
curiosamente, la única que ha llegado hasta nosotros, es el monumental
conjunto de las pirámides de Gizeh, en Egipto.Bloques de granito
descomunalmente pesados, de un metro de altura, forman las filas tan
apretadamente que no es posible introducir ni un cuchillo entre ellos. Las
filas de piedras están pintadas, formando franjas de diferentes colores; la
punta es de color dorado.Sus dimensiones son impresionantes: 146.59 m de
altura, 230 m de ancho.
El arquitecto Sóstrases de Cnido
recibió en el 279 a.C. un encargo del rey Ptolomeo Filadelfo para construir
una torre en la isla de Faros, frente a Alejandría. Su finalidad sería servir
de guía para los navegantes hacia la entrada del puerto más importante de la
época.Grandes bloques de vidrio fueron utilizados como cimientos intentando
aumentar la solidez y resistencia contra la fuerza del mar. Bloques de mármol
unidos con plomo fundido constituyeron el resto del edificio, de forma
octogonal sobre una plataforma de base cuadrada, hasta alcanzar una altura de
134 metros.El arquitecto Sostrato de Cnido dirige las obras, que conforme
avanzan, adquieren un aspecto más impresionante. Cuando se finaliza, la torre
mide más de 130 metros. En su cima está equipada con espejos metálicos para
señalar su posición reflejando la luz del sol; y por las noches, a falta de
luz, se enciende una hoguera.Esta maravilla va a durar bastante: unos mil
seiscientos años, hasta que en el siglo XIV los terremotos la derriben.
Hacia el año 600 a.C.,
Nabucodonosor II, rey de Caldea, quiso hacer a su esposa Amytis, hija del rey
de los medos, un regalo que demostrara su amor por ella y le recordara las
montañas de su tierra, tan diferentes de las llanuras de Babilonia. Sobre una
superficie de 19.600 metros se construyeron una serie de terrazas de piedra
sostenidas por amplios arcos de seis metros de longitud hasta alcanzar una
altura total de noventa. Nabucodonosor ordenó levantar cerca de su palacio
elevaciones de piedra, darles la forma de montaña y plantarlas con toda clase
de árboles. Por deseo de su mujer instaló además un jardín como los había en
la patria de ella.
Desde el 292 a.C. y durante doce años,
los arquitectos Chares de Lindos y Laches dirigieron las obras de
construcción de una gran estatua a la entrada del puerto de Rodas.La
situación geográfica de Rodas es privilegiada para comerciar con Grecia, el
Asia Menor e incluso Egipto, y gracias a eso se ha convertido en el centro
comercial más importante del Mediterráneo Oriental.Hecha con placas de bronce
sobre un armazón de hierro, la estatua representaba al dios griego del sol,
Helios, con una altura de 32 metros y un peso de unas setenta toneladas. No
se sabe con certeza que cada uno de los pies se situara a un lado de la
entrada del puerto, obligando a todos los barcos a pasar por debajo suyo.
Artemisa era la diosa griega de la
fertilidad, que los romanos llamaron Diana. Desde tiempos inmemoriales era
adorada en un templo situado en Efeso, cerca de la actual aldea turca de Aia
Soluk. El intento de invasión de los cimerios en el siglo VII a.C. tuvo entre
otros el resultado del incendio del templo. Creso, rey de Lidia e inventor de
las monedas decidió reconstruirlo y abrió una suscripción pública, a la que
todos los ciudadanos aportaron algo.Medía 123 metros de largo y 67 de ancho.
Entre los años 260 y 268 d.C. los saqueos de los godos destruyeron gran parte
del monumento.Cuenta con 127 impresionantes columnas de 20 metros de altura,
algo descomunal para su época, y cuenta con esculturas de Escopas.
El celebre Mausoleo de
Halicarnaso albergaba la tumba de Mausolo, Rey de Caria.Fue construido en el
año 353 a. J. C sobre el viejo Artemison de Éfeso, tras sufrir este último un
incendio que lo destruyo. En Halicarnaso, capital de Caria, murió el rey
Mausolo después de un reinado tranquilo y feliz que llevó a su pueblo al
esplendor y la prosperidad. Corría el año 353 a.C., y su esposa Artemisa
decidió construir una tumba que hiciera inolvidable al rey perdido.Sobre una
superficie de 33 por 39 metros, la tumba levantaba unos cincuenta metros de
altura. Un muro partía de cinco escalones y llegaba hasta media altura para
formar un podio. Sobre esta base se situaban 117 columnas jónicas ordenadas
en dos líneas de nueve frente al Opistodomos, y en dos hileras de veintiuna a
cada lado.
Construido entre el 468 y el 460 a. J.C por Libón de Elis en la
zona meridional de Altus, emplazado en una plataforma escalonada . Construido
en su mayor parte con caliza de la región que daría gran precisión a las
líneas arquitectónicas. Pocos años después de su terminación cobijo una de
las estatuas de culto de más admiración entre los hombres del mundo antiguo:
El Zeus, de Fídias. La colosal estatua sédente construida en marfil con
ropajes de oro, que ocupaba un tercio del santuario. La inmensa estatua no
puede ser más llamativa a la vista: Fidias emplea la técnica crisoelefantina,
consistente en cincelar sobre marfil y añadir por encima oro, representando
la carne y las vestiduras del personaje. Y además de todo esto, el trono está
adornado por diversas pinturas.