Marneus Augustus Calgar es el famoso Señor de
los Ultramarines. Sus incontables victorias derrotando a los enemigos del
Emperador (¡Que su divina luz nos guíe eternamente!) le han valido la fama en
todo el Imperio. En particular, su decidida defensa y la victoria final sobre
los Tiránidos durante la Primera Guerra Tiránida, se han convertido en
leyenda entre la gente más sencilla de los planetas controlados por los
Ultramarines. Pero la fama y la gloria siempre incitan a la envidia y el
rencor, y estos heroicos relatos, alimentados por el feroz orgullo de Marneus
(algunos dicen que es intractable), le han valido a él y a los suyos la
enemistad de muchos oficiales de alto rango. Aunque no han podido encontrarse
pruebas concluyentes, parece muy probable que estos enemigos fueran los
responsables del vergonzoso Tribunal de Investigación que juzgó la actuación
de Marneus durante la supresión de la rebelión en la Colonia Beta/54, y que
justamente (si su excelencia me permite expresar mi humilde opinión personal)
le exoneró de todos los cargos. Los recientes informes sobre la muerte de
Marneus durante la defensa de Ichar IV parecen estar basados tan sólo en
rumores y comentarios malintencionados, pues todas las evidencias que he
conseguido reunir parecen indicar que sigue dirigiendo a los Ultramarines
como hasta ahora.
El nombre de Lysander apareció por primera
vez en el Liber Honorus del Capítulo de los Puños Imperiales en
567.M40 cuando, siendo un sargento de la 2ª Compañía, obtuvo la victoria
sobre los herejes de Iduno en la Batalla del Puente Colonial. Este tan solo
fue el primer Laurus Imperialis de todos los que recibiría. En 585.M40
alcanzó la comandancia de la 2ª Compañía tras abordar y capturar con éxito el
crucero eldar Sangre de Khaine.
Fue él quien dirigió los asaltos con cápsulas de desembarco que se llevaron a cabo en los picos más altos de Haddrake Tor durante los tres años que duró el asedio a este planeta. Tras asegurar esta zona, colocó balizas de teleportación para que los exterminadores de la 1ª Compañía pudieran teleportarse a los niveles inferiores. Sin embargo, los cultistas defensores utilizaban rituales blasfemos para causar interferencias en la disformidad y muchos de los exterminadores se teleportaron a puntos incorrectos, se quedaron enterrados en roca o cayeron por enormes precipicios.
Durante un ataque, Lysander vio que todo el lado izquierdo del cuerpo de Kleitus, el capitán de la 1ª Compañía, se materializaba en el interior de una roca; pero, antes de morir, este dejó su martillo de trueno, el Puño de Dorn, en las manos de Lysander. A pesar del desastre, Lysander se negó a retirarse y se puso al mando de los supervivientes, a quienes llevó hasta el corazón de Tor mientras causaba estragos entre los cultistas con el martillo de trueno que acababa de recibir.
Durante la siguiente reorganización del capítulo, Lysander fue ascendido al rango de Primer Capitán, Señor de la 1ª Compañía, Supervisor del Puño y Vigía de Phalanx (la enorme fortaleza monasterio de los Puños Imperiales). El Capitán Lysander llevó a la 1ª Compañía hasta el corazón de las líneas enemigas durante muchos años, ya que estaba obsesionado con ser el primer Puño Imperial que nunca se hubiera retirado. Su valentía rayaba en la estupidez, pero la fortuna siempre le favoreció hasta el día de su muerte. Para los Puños Imperiales, él es la prueba de que un guerrero que está dispuesto a sacrificarlo todo alcanza la gloria.
El Capitán Alcaudón se forjó su reputación
durante la campaña llevada a cabo para acabar con los kaudillos orkos de
Targus VIII, un mundo colmena sumido en una noche perpetua que se encuentra
en los límites del Halo de Estrellas, en el sur galáctico. Después de que el
planeta cayera ante el poder del ¡Waaagh!, la tarea de reclamar su posesión
fue confiada a la Guardia del Cuervo, a diez regimientos de la Guardia
Imperial y a su flota asignada. A las escuadras de la Guardia del Cuervo se
les asignó la destrucción de objetivos puntuales antes de que se llevase a
cabo la invasión imperial. Alcaudón comandó una fuerza de asalto de Marines
Espaciales tras las líneas enemigas para inutilizar un gigantesco cañón
orbital. La fuerza de Alcaudón, que golpeó con dureza y rapidez, cumplió su
misión principal; pero se quedó aislada cuando la Thunderhawk que venía a
sacarla de allí fue destruida.
Impertérritos, Alcaudón y sus guerreros permanecieron en territorio orko durante dos años. Durante este tiempo, proporcionaron a las naves orbitales información de valor incalculable sobre los objetivos que debían destruir y sembraron el pánico en la retaguardia de los ejércitos orkos destruyendo pozos de combustible, almacenes de munición e innumerables vehículos; tras lo cual siempre desaparecían en las sombras de la ciudad colmena en ruinas. En este tiempo tuvieron que robar todo lo que necesitaban para sobrevivir y seguir adelante con su misión. Alcaudón fue recompensado con el Laurus Imperialis a su triunfal regreso a la fortaleza monasterio del capítulo, ya que había conservado su honor y había ejemplificado las virtudes del capítulo. Gracias a los esfuerzos de Alcaudón, la campaña tuvo un final victorioso décadas antes de lo que habían predecido los estrategas imperiales.